Lentes de contacto
Lentes de contacto: comodidad y libertad visual, con responsabilidad
Los lentes de contacto son una excelente opción para corregir problemas de graduación y, en muchos casos, ofrecen una mayor libertad que los anteojos. Millones de personas los utilizan diariamente para trabajar, hacer ejercicio o simplemente sentirse más cómodos con su apariencia. Sin embargo, es importante recordar que un lente de contacto sigue siendo un dispositivo médico que se coloca directamente sobre la superficie del ojo. Cuando se utilizan correctamente suelen ser muy seguros, pero cuando se descuidan las medidas de higiene pueden ocasionar complicaciones que van desde molestias leves hasta infecciones potencialmente graves.
Una de las principales funciones de la córnea es mantenerse transparente para permitir el paso de la luz. Para lograrlo necesita recibir oxígeno de manera constante. Cuando utilizamos lentes de contacto durante demasiadas horas o dormimos con ellos sin indicación médica, disminuye la cantidad de oxígeno que llega a la córnea. Esto puede favorecer irritación, inflamación, resequedad ocular y aumentar el riesgo de infecciones. Por esta razón, es recomendable respetar el tiempo de uso indicado por el fabricante y retirar los lentes antes de dormir, salvo que hayan sido específicamente diseñados y prescritos para uso nocturno.
El mayor riesgo asociado al uso de lentes de contacto es la infección corneal, también conocida como queratitis infecciosa. Aunque afortunadamente es poco frecuente, puede poner en riesgo la visión si no se diagnostica y trata oportunamente. Algunas de las conductas que aumentan significativamente el riesgo incluyen dormir con los lentes puestos, nadar o entrar a albercas, ríos, lagos o jacuzzis utilizándolos, manipularlos con las manos sucias, reutilizar soluciones viejas o prolongar el uso de lentes desechables más allá del tiempo recomendado. En consulta vemos con frecuencia pacientes que pensaban que "una noche no pasa nada", cuando en realidad muchas complicaciones comienzan precisamente de esa manera.
Existen además otros problemas menos graves pero muy comunes, como resequedad ocular, intolerancia progresiva al lente, alergias, inflamación de los párpados y crecimiento de vasos sanguíneos sobre la córnea por falta de oxigenación. Cuando aparecen síntomas como ojo rojo, dolor, sensibilidad a la luz, lagrimeo excesivo, secreción o disminución de la visión, es importante suspender inmediatamente el uso de los lentes y acudir a valoración oftalmológica. Continuar utilizándolos puede empeorar significativamente el problema.
La mejor manera de disfrutar los beneficios de los lentes de contacto es utilizarlos de forma responsable. Lávese siempre las manos antes de manipularlos, utilice únicamente soluciones recomendadas para su limpieza, cambie regularmente el estuche, respete las fechas de reemplazo y nunca comparta sus lentes con otras personas. Recuerde que la comodidad no siempre significa que el ojo esté sano; muchas complicaciones pueden desarrollarse silenciosamente durante meses.
Los lentes de contacto pueden ofrecer una excelente calidad visual y mejorar la calidad de vida de muchas personas, pero solo cuando se utilizan con los cuidados adecuados. Sus ojos son únicos y no pueden reemplazarse. Vale la pena dedicar unos minutos cada día a protegerlos.
Los lentes de contacto son una excelente herramienta para ver mejor, pero nunca deben hacernos olvidar que la córnea es un tejido vivo que requiere cuidado, oxígeno y respeto.
Si utiliza lentes de contacto y presenta molestias, resequedad, enrojecimiento frecuente o simplemente desea asegurarse de que los está utilizando correctamente, no dude en agendar una consulta. Una revisión oftalmológica periódica puede ayudar a detectar problemas tempranamente y mantener sus ojos sanos durante muchos años.
Nunca permita que el agua toque sus lentes de contacto. El agua de la llave, albercas, mar, lagos o jacuzzis puede contener microorganismos capaces de producir infecciones corneales severas y potencialmente devastadoras para la visión.